
Esa es nuestra esencia.
Ayer viví uno de esos momentos que la mente y el corazón guardan para siempre.
Anoche fuimos a La Plata, ya sabrán el porque, pero eso no importa ahora. Son graciosas las vueltas de la vida, a veces inoportunas, pero hay algo que pone todo en su lugar. “And in the end the love you take is equal to the love you make...” y eso es ley.
Después de pasar una tarde-noche platense llena de risas, confesiones y demás con nuestras amigas Shir y Gabba a las 2 menos diez de la mañana emprendimos el viaje de vuelta a nuestro querido barrio de Caballito.
Corrimos el micro, si, estábamos a 4 cuadras de la Terminal y lo vimos pasar. Luke, demostrando un estado atlético optimo lo corrió hasta alcanzarlo mientras Sanch (un soldado que no abandona a un compañero en batalla) aminorando la marcha corría a la par de un Tincho cansado, casi derrotado por la distancia y al borde del colapso. Corriendo el micro éramos más que tres amigos, mas que una banda de rock, éramos una banda delictiva que acababa de dar el gran golpe.
Subimos al micro. Como nos reíamos por dios, si lo perdíamos había que esperar una hora mas y teníamos mucha hambre, sueño y cero pesos de presupuesto. Pero eso no importa porque nos reíamos y estábamos juntos.
El viaje se paso rápido y ya casi estábamos llegando así que nos acercamos a los asientos de adelante para bajar en la casa rosada.
Luke sentado en el primer asiento, Sánchez a su izquierda y yo atrás apoyado contra su respaldo. Los tres en silencio, pensando en todo, mirando hacia delante y en la radio del chofer sonaba “Wild horses”.
Nunca más me voy a olvidar de eso, porque de una u otra manera es lo que siempre hacemos… correr.
Correr juntos, riendo, llorando, disfrutando, soñando.
Soñando, si, siempre.
Esa es nuestra esencia.
Ayer viví uno de esos momentos que la mente y el corazón guardan para siempre.
Anoche fuimos a La Plata, ya sabrán el porque, pero eso no importa ahora. Son graciosas las vueltas de la vida, a veces inoportunas, pero hay algo que pone todo en su lugar. “And in the end the love you take is equal to the love you make...” y eso es ley.
Después de pasar una tarde-noche platense llena de risas, confesiones y demás con nuestras amigas Shir y Gabba a las 2 menos diez de la mañana emprendimos el viaje de vuelta a nuestro querido barrio de Caballito.
Corrimos el micro, si, estábamos a 4 cuadras de la Terminal y lo vimos pasar. Luke, demostrando un estado atlético optimo lo corrió hasta alcanzarlo mientras Sanch (un soldado que no abandona a un compañero en batalla) aminorando la marcha corría a la par de un Tincho cansado, casi derrotado por la distancia y al borde del colapso. Corriendo el micro éramos más que tres amigos, mas que una banda de rock, éramos una banda delictiva que acababa de dar el gran golpe.
Subimos al micro. Como nos reíamos por dios, si lo perdíamos había que esperar una hora mas y teníamos mucha hambre, sueño y cero pesos de presupuesto. Pero eso no importa porque nos reíamos y estábamos juntos.
El viaje se paso rápido y ya casi estábamos llegando así que nos acercamos a los asientos de adelante para bajar en la casa rosada.
Luke sentado en el primer asiento, Sánchez a su izquierda y yo atrás apoyado contra su respaldo. Los tres en silencio, pensando en todo, mirando hacia delante y en la radio del chofer sonaba “Wild horses”.
Nunca más me voy a olvidar de eso, porque de una u otra manera es lo que siempre hacemos… correr.
Correr juntos, riendo, llorando, disfrutando, soñando.
Soñando, si, siempre.
Esa es nuestra esencia.
Martín Avati.
:)
ResponderEliminarCuanto amor.
ResponderEliminarSiempre dije que el amor que lo unía era incomparable, ésto lo demuestra de manera absoluta.
ResponderEliminarFelicidad y amor para ustedes hermosos,
los quiero ♥
todos putos.
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